“Justice is everyone business”

Él, médico ginecólogo. Ella, víctima de esclavitud sexual. Ambos demuestran un valor extraordinario en la lucha contra la violencia sexual como táctica de la guerra. Él, Denis Mukwege, ha atendido a miles de mujeres abusadas por los combatientes en El Congo, incluso ha denunciado a las autoridades de su país por ignorar estas atrocidades. Ella, Nadia Murab, fue víctima en numerosas ocasiones de milicias religiosas en Iraq, que buscan imponer el islam a sangre, fuego y sexo. Hoy es una sobreviviente y activista de la causa para poner fin a la violencia sexual.

El cuerpo como un campo de batalla. Violaciones individuales y masivas. Guerras y conflictos en los que se reducen a otros seres humanos, sobretodo las mujeres, a ser objetos de satisfacción sexual de los sanguinarios. En guerras como las de Serbia y Bosnia la violencia sexual tenía además un elemento de limpieza racial. Úteros condenados a desgarres o a embarazos no deseados. Colombia, Irak, El Congo, Liberia, Ruanda, Ex-Yugoslavia, Yemen, Afganistán, México. La dignidad de un pueblo representada a través de los cuerpos femeninos. Manchar la honra como arma de destrucción de la moral de una comunidad.

El cuerpo como un instrumento de humillación, incluso aún por fuera de la guerra. El abuso sexual como herramienta para callar y doblegar al contrario. Lo vemos en la iglesia católica, lo escuchamos de los relatos de sobrevivientes de conflictos armados, lo aprendimos a ver a los ojos hace un año a través del movimiento de #metoo que nos mostró que el glamour de Hollywood ha estado cimentado en productores y actores abusivos de sus posiciones de poder.

Hoy en el anuncio del Premio Nobel de Paz, la vocera del comité lo dejaba claro: un mundo más pacífico solo será posible si los derechos y la integridad de la mujer son garantizados.

El reconocimiento es importante porque pone sobre la mesa un crimen que sigue ocurriendo, impulsado por esa virilidad mal entendida. No es la dominación ni el abuso del cuerpo femenino lo que hace ganar las guerras. Y aunque logren callar a miles de mujeres infligiendo este sufrimiento, afuera hay miles de hombres y mujeres que seguirán luchando y levantando su voz para impedir que este dolor personal haya sido en vano, y para que se persiga y se castigue a los responsables de estos crímenes, con la esperanza de que no se repitan.

No hay más que agradecimiento a Denis Mukwege y a Nadia Murad, y con ellos a todos esos hombres y mujeres que trabajan sin descanso para terminar con el uso de la violencia sexual como arma de guerra.

¡Basta ya con la violencia contra la mujer! Contra su cuerpo, contra su integridad. Si ustedes señores quieren irse a la guerra ¡háganlo!, pero no en nuestro nombre y no con nuestros cuerpos. No traemos hijos al mundo para hacerlos matones, y nuestros cuerpos nos pertenecen. ¡Qué avance daría este mundo si la educación sexual y reproductiva estuvieran desprovistas de tanta ideología religiosa y política!

 

P.S. en otras noticias, en Estados Unidos las mujeres no descansan para evitar que el juez Kavanaugh sea confirmado como Magistrado. La violencia contra las mujeres no es un “delito de caballeros”.  El cambio de chip viene gestándose… Necesitamos que los adolescentes (hombres y mujeres) sean educados en el respeto de la autodeterminación. Ni el alcohol ni la guerra ni nada justifican las violaciones de mujeres.