y aquí seguiremos: porque no hemos llegado.

La ciudad de Berlín decidió declarar el 8 de marzo como un festivo. La igualdad de la mujer tiene que celebrarse y no solo con rosas y mensajes con letra cursiva en color pastel. No. Se trata de hacer visibles las grietas de la sociedad: la invisibilidad del trabajo doméstico, los celos enfermizos que terminan con mujeres ultrajadas o muertas, las niñas que tienen que ser excelentes solo para darse cuenta que en la vida laboral tendrán que competir por un puesto con hombres mediocres. Y eso es, el bono de género permite la mediocridad, se escaquea de las responsabilidades hogareñas, porque eso no da ni billete ni gloria. Así que muchas gracias Berlín por este día feriado. Festivo lo llamaremos el día en que la sociedad borre esa brecha entre los ciudadanos de primera clase y las mujeres, que no sabe muy bien cómo tratar. ¿jubilación por maternidad? ¿derecho a decidir sobre su cuerpo sin ser juzgadas por los “pro-vida”? ¿Thomas y Sylvia son equiparables?

Y bueno, no no se puede parar… y menos después de escuchar lo que una niña me dijo al ver la manifestación de mujeres en pro de la igualdad en el centro de la ciudad: Pero…si todas esas mujeres siguen protestando, ¿no será que el alcalde decide que son muy insoportables y nos quitan ese día? No mi niña, para cuando eso pase tú no tendrás que preocuparte porque te regresen ese día al aula de clase. Pero ahora tienes que preocuparte por obtener lo que a mi generación le siguen negando a pesar de los avances, y honrar la lucha de las mujeres que antes de nosotras lucharon con tanto brío que tú puedes estudiar y yo puedo trabajar en lo que quiero (pese a las zancadillas sociales). Aún falta derribar varios cientos de obstáculos. Pero como lo diría la primera futbolista colombiana, Yorani Rincón: las mujeres no nos derribamos tan fácilmente.